¿De qué tamaño es nuestra pequeñez?
“México es un país al que es muy fácil amar, pero muy difícil querer”, escribió hace unos días Guillermo Sheridan. Tiene toda la razón.
A través de la experiencia, he podido ser testigo de la relación que otras personas tienen con su país. Incluso de mexicanos que adoptan una segunda patria.
Quizás en esas relaciones no haya esa intensidad ni el fervor nacionalista que muchas veces asociamos a una cierta excepcionalidad de nuestra patria. Pero tampoco hay esa profunda insatisfacción, ni esa especie de vergüenza por no poder explicar tantas cosas que representamos.
Tal vez otros países no tengan esa diversidad cultural que los vuelva un espectáculo permanente de luces, sonidos y colores. Pero tampoco tienen esa desigualdad social que prácticamente legaliza la esclavitud en profesiones como el trabajo doméstico y la agricultura.
Es probable que la forma de divertirse de los jóvenes en otros países nos parezca un tanto sosa y aburrida, pero también lo es que en esos lugares serían muchos menos los amigos y familiares que habrían fallecido en accidentes automovilísticos derivados del consumo de alcohol.
Gracias a ese contraste es que amamos a México, sin poder quererlo. Porque nos brinda experiencias llenas de alegría, adrenalina y placer, que son el espejo de situaciones abominables, irracionales e injustas.
Por eso, sostengo que cambiar a México es empezar a quererlo. Cambiar a México debe iniciar volteándolo al espejo.
Es falsa la narrativa cursi que propone cambiar con “actitud”. En ningún país del mundo los ciudadanos amanecen impacientes por pagar impuestos, respetar las reglas de tránsito o lavar los trastes y hacer trabajo doméstico.
Saben que los dos primeros son un mal necesario, si quieren a cambio tener otros beneficios (servicios públicos, seguridad y la certeza de que los demás también lo hacen). Saben también que para evadir el trabajo doméstico deben de pagarle a alguien para que lo haga, y que ese costo debe cubrir el esfuerzo y el tiempo empleado por otra persona, y no derivarse de nuestra capacidad de humillar a alguien que no tenga empleo y que aceptaría hacerlo básicamente solo para sobrevivir.
Para cambiar, los mexicanos necesitamos hacer uso de nuestra empatía. Abandonar un poco nuestra pequeñez.
Si nos seguimos “bolseando” unos a otros no llegaremos muy lejos. El servicio público es un claro ejemplo.
Hemos convertido los cargos públicos en un privilegio, cuando no deberían de serlo.
En los niveles inferiores de la administración pública, gente con poca preparación o en una situación socioeconómica difícil, aspira a tener una estabilidad a cambio de poco esfuerzo.
En los niveles superiores, la concepción generalizada es que es una especie de “lotería”, que por definición va a durar poco (hay una autoestima que en el fondo es increíblemente baja de nuestra clase política sobre su propia capacidad) y por ello justifican obtener el mayor provecho posible (viajes, dinero e incluso relaciones de pareja).
Por ejemplo: es increíble que los diputados justifiquen trabajar solo 8 meses al año en una de las profesiones más nobles que existen, que es la discusión de los asuntos públicos y la elaboración del sistema normativo que rige nuestra convivencia, sin pretexto alguno.
Es increíble esa renuncia: a vivir una de las etapas profesionales más memorables solo por la mezquindad de tener más “tiempo libre” en el que sigan cobrando.
Entre esa actitud y el alumno que preferiría obtener un 8 sin pararse a una sola clase, no hay ninguna diferencia. Porque ambos renuncian a vivir una etapa de su vida (su formación o su realización profesional) con felicidad y aceptan también la sustitución de experiencias y conocimiento por una recompensa material, que es finalmente pobre.
Hoy, tras una elección presidencial y una nueva sacudida a nuestras ideas y nuestra escala de valores, es pertinente volver a construir una narrativa que ofrezca otro futuro a México, como bien ha apuntado Fernando Escalante.
Hay que volver a creer en lo que dijera hace 24 años Manuel Clouthier: “México va a cambiar. Contigo, sin ti o a pesar de ti. Pero va a cambiar”.
Diputado local
jorge.alvarez.maynez@gmail.com






